Cómo ponerle límites a los niños, desde el Amor

12/ 4/19

Cómo poner límites desde el amor

Sabemos que todo niño necesita normas claras y firmes para crecer. Permitir que tu hijo haga cualquier cosa que le plazca no es, por supuesto, la manera de educarlo para convertirse en una persona de bien, ni tampoco le proporcionará felicidad. Sin embargo, es fundamental que cada padre y madre desarrolle técnicas para marcar los límites con paciencia y amor, lejos de los gritos y la violencia que aún son un escenario habitual en tantos hogares. Aquí te daremos algunas pautas para lograrlo.

Los golpes a los hijos, una triste realidad

Uno de cada dos niños en América Latina y el Caribe sufre castigos corporales. Al menos, eso arrojan las cifras presentadas por UNICEF, cuyos representantes abogan porque los gobiernos de todos los países adopten medidas que prohíban a los adultos golpear a los niños como forma de imponer un límite. En la actualidad, solo 10 países latinoamericanos prohíben el maltrato físico hacia los niños en cualquier ámbito, ya sea dentro del hogar, en la escuela o centro de cuidados, e incluso en las instituciones correccionales. Al respecto, en Colombia también se ha presentado hace unos meses un proyecto de ley. A buena hora, si tomamos en cuenta un reciente estudio de la Universidad de La Sabana que informa que más de la mitad de los niños colombianos han sido golpeados alguna vez por sus padres, con métodos como la correa o el zapato.

Lo más importante es que como sociedad, dejemos de considerar normales los castigos físicos que los adultos ejercen sobre los niños. Y es que, además de violentar los derechos de los niños y de provocarles lesiones físicas –que pueden llegar a ser severas- los castigos corporales no son efectivos. La violencia sobre el niño lo hace crecer asustado, temeroso, con baja autoestima. Un niño golpeado tendrá más posibilidades de agredir a otros niños. 

Por fortuna, existen otras estrategias que sirven para disciplinar a los niños, hacernos respetar como adultos y lograr que colaboren, sin agredirlos física ni verbalmente. Conceptos como crianza respetuosa, paternidad efectiva y disciplina positiva resultan claves a la hora de aprender a ponerles límites a nuestros hijos desde el amor y el respeto.

El límite no es un castigo

Todo ser humano necesita determinados límites. Ya desde que nuestros hijos son bebés parte de nuestra función como padres es ponerles límites claros para resguardar su seguridad. Los primeros son límites físicos, como las barreras de protección para evitar que suba las escaleras, la silla de seguridad sin la cual no debe viajar en automóvil, o quitar de su alcance todos los elementos frágiles cuando empieza a gatear

Por supuesto, cuando son muy pequeños no podemos esperar que ellos mismos incorporen estos límites como propios. Un niño pequeño aún no tiene el concepto de qué es bueno o malo para él, qué es correcto o qué hace enfadar a mamá. Pero claro, lo descubren muy rápido. Y empiezan a desafiarnos. Así es como llega la etapa de las pataletas, en torno a los dos o tres años de edad. Al respecto debemos insistir en que nuestro rol sigue siendo el de siempre: velar por el bienestar del niño, protegerlo y educarlo. 

La importancia de la empatía

Así como cuando nuestro hijo era un bebé, debíamos ponernos en su lugar para observar a nuestro alrededor y detectar posibles lugares peligrosos, u objetos que podían lastimarlo, también cuando nuestro hijo va creciendo debemos ejercitar la comprensión y la empatía. 

El niño no se porta mal porque sí. A veces, lo que siente es frustración ante un deseo que no puede cumplir –al menos en lo inmediato- y otras veces, simplemente no comprende lo que esperamos de él. Los niños muy pequeños pueden reaccionar con llanto, gritos o hiperactividad si están hambrientos, demasiado cansados, o algo altera su rutina. Por eso, para evitar perder la paciencia y terminar enfadados, lo primero que debemos hacer es procurar ponernos en el lugar del niño y tratar de ver qué le está pasando. Y claro, actuar en consecuencia.

Anticipación y reglas claras

Muchos retos y castigos se pueden evitar si nosotros tomamos las riendas de la situación y nos anticipamos a los problemas antes de que ocurran. Por ejemplo, si tu hijo suele hacer una pataleta cuando vuelve del jardín de infantes porque no quiere caminar y quiere que lo lleves en brazos, tal vez sea una buena idea pasar a buscarlo con el cochecito. Aunque te parezca que ya está muy grande para usarlo, fíjate que también puedes recurrir a un triciclo o una patineta para que el trayecto sea más divertido. 

Si llevarás a tu hijo a la consulta con su pediatra y sabes que se suele aburrir en la sala de espera, carga algunos juguetes en tu bolso con los que entretenerlo mientras aguarda su turno. Lo que es aún más importante es explicarle con palabras claras cómo esperas que se comporta. Es mejor evitar las frases vagas como “pórtate bien”. En su lugar, dile específicamente qué esperas que haga y qué no debe hacer: “debes estar sentado un rato mientras esperamos al doctor, no hay que correr ni levantar la voz porque molestarás a los demás niños”. Puedes aprovechar para validar sus sentimientos: “Entiendo que te sientas aburrido por tener que esperar, pero es solo un rato y después podremos salir a dar un paseo”.

Dar opciones

Al desarrollar su autonomía, es común que los niños pequeños desafíen las reglas de los padres y digan “no” a todas las indicaciones que reciben. ¡Puede ser verdaderamente exasperante! Hasta los padres más amorosos llegan a perder la paciencia cuando un niño se rehúsa a vestirse y tenemos mucha prisa por salir, o cuando hay que insistirle para que ordene sus juguetes una y otra vez sin ningún resultado.

Una buena estrategia es permitir que los niños tomen alguna decisión, para darles cierto control sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, en lugar de decirle que tiene que bañarse, preséntale dos alternativas: “¿te gustaría bañarte con jabón o con una bomba de espuma?”. En lugar de insistirle para que coma sus verduras, puedes probar con algo como “¿Prefieres comerlas con cubiertos o con tus manos?”. De esta manera, conseguiremos no solo que cooperen, sino que además lo hagan de buen grado.

Cuando las cosas se salen de control

¿Y qué hacer cuando un niño ya ha infringido una norma? ¿Debemos tolerar cualquier comportamiento con tal de no recurrir al castigo? Por supuesto que no. Es importante que los niños comprendan que sus acciones tienen consecuencias. Claro que estas deben ser adecuadas a la edad y a la gravedad de la falta. Apartar al niño, llevarlo a reflexionar sobre lo que ha hecho, explicar por qué ese comportamiento es inadmisible y qué consecuencias tiene, todo ello es clave para sostener un límite desde el respeto y el amor.

Por ejemplo, si nuestro niño golpea a otro en el parque para quitarle un balón, lo primero que debemos hacer es intervenir, separarlo y hacerle saber que ese comportamiento es inaceptable. Lo segundo es explicarle el por qué: “los golpes duelen y ese niño está muy triste porque le pegaste, así no querrá jugar más contigo”. Lo tercero es, en la medida de lo posible, que nuestro hijo repare el daño y que pida disculpas. ¿Y si no quiere disculparse con el otro chico? Entonces nos lo llevamos a casa y se acabó el juego. Esto no es un castigo, sino una consecuencia directa de sus actos. Pero no hace falta gritarle, ni insultarlo ni humillarlo, ni mucho menos devolver golpe por golpe.

Un aprendizaje, no solo para el niño

Es normal que ante los múltiples desafíos cotidianos que presenta la crianza de un hijo nos sintamos desbordados, pero es nuestra responsabilidad como adultos el conservar la calma y mantener nuestras emociones bajo control, no dejarnos invadir por la ira ni reaccionar con violencia. Es una tarea del día a día que no se aprende de una vez y para siempre. Y en la que alguna vez podemos fallar. Pero si tenemos la convicción de que unos límites claros y respetuosos son vitales para nuestro hijo, de a poco iremos desarrollando estrategias que nos permitirán que los retos, las amenazas y los castigos se conviertan en recuerdos lejanos.

Te deseamos mucha, muchísima paciencia en los días difíciles de la crianza, que pasarán mejor si aprendes a educar desde la empatía y el amor. ¡Te lo garantizamos!

Por Mariana del Rosal, noviembre de 2019


Fuentes utilizadas:

https://www.unicef.org/lac/historias/poner-fin-al-castigo-corporal

https://www.semana.com/educacion/articulo/el-47-de-los-colombianos-la-correa-zapato-o-palo-para-castigar-a-sus-hijos/616543

https://www.eltiempo.com/salud/proyecto-de-ley-para-eliminar-el-castigo-fisico-a-ninos-en-colombia-385194

https://ninosdeahora.tv/blog/5-cosas-que-la-paternidad-efectiva-no-es/

https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/como-poner-limites-a-ninos-respeto-empatia-siete-claves-disciplina-positiva-explicadas-experta

https://www.psicoactiva.com/blog/la-importancia-poner-normas-limites-los-ninos/

Deja tu comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de su publicación.