De Picky Eaters y niños que no comen bien: 10 tácticas para que tus hijos se alimenten mejor

De Picky Eaters y niños que no comen bien: 10 tácticas para que tus hijos se alimenten mejor

12/ 4/19

¿Tienes en casa a un picky-eater, es decir, a un niñito muy selectivo con la comida? No eres la única. “Mi niño no come nada”, “solo quiere galletas”, “antes comía de todo, pero ahora…”, cualquier padre o madre de un niño pequeño seguramente se sienta identificado por esas frases. Y es que la selectividad alimentaria, o neofobia, es una conducta normal en el desarrollo de nuestros toddlers. Aquí te brindamos algunos consejos para afrontarla y, en lo posible, procurar que no se extienda en el tiempo más de la cuenta.

Ante todo, relájate

Lo primero que debes hacer es dejar de considerar preocupante o problemática la conducta de tu niño. Es cierto que puede resultar frustrante que un bebé que aceptara cualquier clase de alimentos en los comienzos de la alimentación complementaria, de pronto decida rechazar buena parte de los mismos, se niegue a probar cosas nuevas o a mezclar texturas o sabores. Pero siempre y cuando tu hijo esté aumentando bien de peso no tiene que preocuparte su salud. 

De acuerdo con la pediatra argentina Sabrina Critzmann, después del primer año de vida un niño no necesita tantas calorías y por eso le alcanza con comer menos: "Los niños durante su primer año de vida triplican aproximadamente el peso del nacimiento. Esa velocidad nunca volverá a ocurrir. La necesidad de nutrientes a esa altura de su desarrollo ya no es la misma".

Nunca obligues a tu hijo a terminarse un plato

La segunda regla de oro es permitir que tu hijo regule su propio apetito. Tu responsabilidad como padre o madre está en ofrecerle alimentos de buena calidad, pero no te corresponde decidir cuánto y cuándo debe comerlos. Forzar al niño a terminarse una porción cuando no tiene apetito solo conseguirá transformar la hora de comer en una lucha. Eso sí: deja las reglas en claro, y que tu hijo sepa que, si no come en el momento de sentarse a la mesa, no habrá aperitivos hasta la próxima comida.

Acepta cierta selectividad

Con la mano en el corazón, ¿a ti te gustan absolutamente todos los alimentos? ¿Todas y cada una de las verduras y frutas? ¿Todos los cortes de carne? ¿Probarías cualquier platillo que se te pusiera delante, aún si es algo extraño que no puedes identificar, como insectos (tan apetecibles para ciertas culturas)? Seguro que tienes algunos alimentos que no te gusten. ¡Pues bien, lo mismo le ocurre a tu hijo! 

Un niño de entre un año y medio y tres años está desarrollando su personalidad, y manifestar preferencia por ciertos alimentos y rechazo por otros es normal. Por eso, está bien preocuparse si tu hijo rechaza absolutamente todas y cada una de las verduras, pero si come de buen grado solamente algunas (como zanahorias, tomate y bocadillos de calabaza), date por satisfecha.

De la misma manera, concédele determinadas “manías” que son bastante inocentes. Por ejemplo, algunos niños no quieren que los diferentes alimentos se toquen. ¿Cuál es el problema? Sirve su almuerzo en un plato con divisiones y no te hagas problema.

Predica con el ejemplo

Respecto al punto anterior, si quieres que tu hijo acepte fruta como postre o merienda, empieza por llevarla a la mesa, ¡y comerla tú! Muchos padres se quejan de que sus hijos solamente quieren comer comida chatarra, y resulta que es el único tipo de comida que se prepara en casa. De nada sirve insistir en que un alimento determinado es delicioso si tu hijo no te ve probándolo y disfrutándolo. Si esto te cuesta, trata de vivir la etapa de la selectividad alimentaria de tu hijo como una oportunidad para mejorar la alimentación de todo el grupo familiar.

Evita las distracciones en la mesa

Lo ideal es que el momento de sentarse a la mesa no sea solamente para alimentarse, sino también para conversar en familia y disfrutar un momento juntos. Prescinde de teléfonos móviles, tablets o televisión a la hora de comer. En su lugar habla con tu hijo, pregúntale sobre su día. Tal vez por un tiempo el niño siga rechazando los alimentos, pero compartirá el almuerzo de buen grado si sabe que cuenta con tu atención y tu mirada atenta.

¡Vivan los snacks!

Paradójicamente, muchos niños ingerirán felices ciertos alimentos si los comen casi sin darse cuenta. Así como la cena debe ser un momento familiar para compartir, seguro que también tus hijos tienen ratos de distracción mirando sus programas de tele preferidos o jugando en el jardín. Estos ratos son perfectos para ofrecer snacks saludables, como bastoncitos de verdura para mojar en queso crema, fruta fresca cortada en cubitos (o servida en copas), queso, o huevos cocidos, en lugar de galletas y golosinas. Si después no quiere sentarse a la mesa, al menos sabrás que los nutrientes los obtuvo de esas porciones.

Alimentos sí, productos no

Si tu hijo solo come cantidades muy pequeñas de alimentos, este es el mejor motivo para que solo ingiera alimentos de gran valor nutricional. Ofrécele frutas y verduras frescas, huevos cocidos, cereales sin azúcar, preparaciones caseras, y menos productos ya preparados y ultraprocesados. Siempre es preferible que toda la comida procesada se haga en casa, para evitar los aditivos, conservantes e ingredientes que en lugar de alimentar al niño, solamente lo llenan. Y si tienes un tiempo limitado para cocinar, mejor preparar de una vez muchas porciones y congelar los sobrantes. Puedes recurrir a un recipiente hermético que mantenga los alimentos fresquitos y apetecibles.

Mejor con las manos

Para los niños pequeños, un alimento que puede tomarse con los dedos es más fácil de comer (y más atractivo) que el que requiere de cuchara o tenedor. Es un buen momento para servir la comida en trozos grandes, o para ofrecer toda clase de bocadillos: de carne, de pollo, de vegetales, untados con hummus de legumbres o con mantequilla de maní… Si te preocupa el desorden, puedes colocar un tapete lavable bajo la silla para que no se ensucie todo.

 Y si optas por utilizar cubiertos, recuerda que los utensilios que le des a tu hijo deben ser seguros, no solamente para evitar que se pinche o se corte por accidente, sino para que no entre en contacto con materiales potencialmente tóxicos que podrían enfermarlo.

¿Quién dijo que con la comida no se juega?

Todos sabemos que no hay que desperdiciar comida, cuando cuesta tanto tiempo y esfuerzo preparar los alimentos (además de que hay muchas personas que no tienen para comer). Pero no tiene nada de malo permitir que tu hijo explore las distintas texturas, toque sus alimentos con los dedos (siempre y cuando se lave las manos primero), se ensucie amasando pasta, construya una torre con cubos de frutas de colores o juegue a hacer una carita sonriente con los fideos de su plato. Después de todo, si se trata de que pruebe nuevas comidas, asociar los alimentos con la diversión y la risa es mejor que convertirlos en algo solemne. 

Pide ayuda en la cocina

Por último, con niñitos un poco mayores, un buen incentivo para que sean menos remilgados al comer es hacerlos partícipes de la elección y la preparación de los alimentos. Haz que tus hijos te acompañen de compras, que miren los colores y las formas de los alimentos y que los huelan. Busca incentivar que cocinen contigo (por ejemplo, pueden divertirse mezclando, o utilizando un macerador para puré). Es más probable que acepten probar la comida que ellos mismos han preparado.

Si empleas estas estrategias, ello no significa que tus hijos mágicamente sean menos quisquillosos, pero sí que la etapa del picky-eater pase antes, que pronto vuelvan a aceptar diferentes alimentos y, sobre todo, que la hora de comer no se convierta en un enfrentamiento. ¡Mucha paciencia con tu picky-eater!

Por Mariana del Rosal, noviembre de 2019


Fuentes consultadas:

https://www.mayoclinic.org/es-es/healthy-lifestyle/childrens-health/in-depth/childrens-health/art-20044948

https://www.bbmundo.com/bebes/veinticuatro/como-dominar-a-tu-picky-eater/

https://www.clarin.com/buena-vida/neofobia-selectividad-chicos-quieren-comer_0_f0CusNZsk.html

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