Duérmete mi niño ¡te lo pido!: tips para dormir bebes

6/ 9/19

La privación de sueño es uno de los principales desafíos que implica convertirse en madres o padres. Hasta que no nos toca, es difícil imaginar lo que se siente desvelarse una noche tras otra, durante meses (¡o años!) tratando de dormir bebes y con su llanto de fondo. Por eso, existen cientos de libros dedicados al tema, que proponen diferentes métodos y trucos para dormir a un bebé.

¡Pero no existen soluciones mágicas! Como ocurre con muchos otros aspectos de la crianza de los niños, cada familia es un mundo, y cada madre y padre harán lo que mejor les resulte para dormir bebes. Aquí te daremos algunas recomendaciones que puedes adoptar, siempre sabiendo que el sueño de tu bebé no tiene por qué adaptarse a moldes ni patrones preestablecidos.

 

¿Qué significa exactamente “dormir como un bebé”?

 

Evidentemente, el que acuñó esta frase no estaba atravesando la etapa del puerperio. Si en algún momento imaginamos que un bebé de pocas semanas podía dormirse plácidamente en su cuna y permanecer allí ocho horas o más, sin despertarse por el más mínimo sonido, cuando nos toque enfrentarnos a los despertares habituales de nuestro bebé, ¡nos sentiremos estafadas! En el peor de los casos, nos preocupará pensar qué problema tiene el niño que lo lleva a despertarse constantemente.

Y es que en realidad, el bebé no tiene ningún problema para dormir: ¡el problema lo tenemos nosotros! El sueño normal de un bebé recién nacido no tiene horarios, es perfectamente esperable que se despierte cada tres horas, cada dos, o incluso a cada hora, y que cualquier bebé prefiera dormirse en brazos de su mamá y que proteste airadamente cuando ella pretende dejarlo en la cuna para darse una ducha, preparar la cena o ¡horror! dormir ella misma…

Si entendemos que el sueño de nuestro hijo forma parte de su etapa de desarrollo, que el despertar con frecuencia y preferir el contacto con su madre es un mecanismo de supervivencia, que su pequeño estómago digiere con mucha rapidez la leche materna y que necesita llenarse con frecuencia, afrontaremos con más entereza sus despertares frecuentes durante los primeros meses de vida del bebé.

 

¿Se puede “enseñar a dormir” a tu hijo?

 

Existe cierta corriente de especialistas en sueño infantil, con el pediatra norteamericano Richard Ferber a la cabeza, que aboga por entrenar a los bebés desde muy pequeños para que aprendan a dormirse solos. Este “adiestramiento” incluye acostar al bebé en su cuna mientras que aún está despierto y no responder de inmediato a su llanto. Desde este punto de vista tan poco empático con los bebés y los niños pequeños, se interpretan los despertares frecuentes como “malos hábitos” creados por la falta de límites de sus padres.

Por otro lado, otros expertos como el pediatra Carlos González o la psicóloga infantil Rosa Jové abogan por una crianza respetuosa del bebé, que comprenda que el sueño es un proceso fisiológico, que va extendiéndose con la madurez al ritmo de cada niño, y que no todos llegan a dormir la noche entera mientras son pequeños. Defienden la práctica del colecho seguro como método para que las interrupciones nocturnas sean lo más breves posibles.

Por fortuna, en los últimos años han saltado cada vez más pediatras y especialistas a criticar el método de “dejar llorar al bebé”, que perciben este condicionamiento como no respetuoso de las necesidades del niño e incluso se afirma que puede ser perjudicial, por ejemplo, al transmitirles la idea de que no pueden contar con sus padres: todos conocemos el caso de un niñito que de bebé se dormía en la cuna sin chistar, y ahora que ya está en la escuela se despierta con frecuencia para pasarse a la cama de sus padres, o bien sufre de pesadillas, o tiene episodios reiterados de enuresis nocturna, buscando por alguno de estos mecanismos la contención que no tuvo cuando pequeño.

Es bueno que comprendamos que presionar a un bebé para que sea independiente antes de tiempo puede causar, paradójicamente, mayor dependencia a futuro y traerles problemas de sueño que se prolonguen, incluso, hasta la edad adulta. Si piensas lo que implica escuchar llorar a tu bebé y no acudir a su llamado, seguramente sientas angustia y estrés: ¡obedece a tu corazón! Un bebé que demanda los brazos o la presencia tranquilizadora de sus padres para conciliar el sueño es, simplemente, un niño normal.  Y ningún bebé o niñito pequeño “manipula”: nadie pide lo que no necesita.

 

La magia de las rutinas

 

Entonces, si no hay que resignarse a dejarlo llorar, ¿cómo hacer que mi bebé duerma toda la noche, y con él, que toda la familia pueda descansar? Existen algunas rutinas de sueño para bebés que, si bien no garantizan que vaya a dormir de seguido, seguramente sí lo ayudarán a relajarse y que la hora de ir a la cama no se transforme en un sufrimiento. Después de todo, un bebé que se duerme más tranquilo y seguro, probablemente logre volver a conciliar el sueño con facilidad si se despierta.

Las rutinas de sueño no comienzan al apagarse la luz, sino mucho antes: una o dos horas antes de dormir, es bueno que el ritmo de la casa baje. Que el bebé se acostumbre a las luces tenues, que comience a reconocer el día como un momento para jugar, y la noche como un momento para descansar. Es recomendable que la hora de irse a dormir sea siempre la misma, y lo más temprano que nos sea posible.

Le hablaremos con suavidad y le diremos que es momento de descansar. Un baño tibio y un masaje también podrán ponerlo en sintonía. Después lo llevaremos en brazos a su dormitorio (o al nuestro si lo compartimos con el bebé), podemos leerle un cuento y poner música suave, o cantarle. A algunos niños también los ayuda a conciliar el sueño el ruido blanco, como el de la aspiradora o la lavadora, o la señal que emiten los radiotransmisores cuando no captan ninguna frecuencia (o puedes conseguirlo con varias apps para celular muy fáciles de usar). Al dejar al bebé en su cuna, asegúrate de poder escucharlo desde cualquier lugar de la casa, tal vez con la ayuda de un monitor. Y acude a su llamado para que sepa que aún estando solo cuenta contigo.

Con respecto al abrigo, es fundamental que el bebé vista ropa cómoda y que no pase frío, pero tampoco que se sobrecaliente. Con bebés pequeños hay que evitar todo tipo de cobijas o cojines en el moisés, por eso para mantenerlos calentitos existen sacos de dormir que son perfectamente seguros y los mantienen contenidos.

 

Lactancia y sueño

 

Si el bebé aún se alimenta con lactancia exclusiva, lo más probable es que por mucho tiempo necesite alguna toma nocturna. Si mamá está demasiado exhausta, el papá puede encargarse de alimentar al pequeño durante la noche con la leche que ella se extraiga. Un bebé mayorcito que ya ha comenzado con la alimentación complementaria es probable que ya no se despierte por hambre (aunque a veces solo quiera sentir la presencia amorosa de mamá para volverse a dormir).

 

Cuando estés pasando las peores épocas de cólicos y de despertares frecuentes, cuando sientas que el sueño te invade, recuerda que todo esto es una etapa en la vida de tu bebé: cuando te quieras acordar, habrá pasado el tiempo, el niño habrá crecido y las noches sin dormir serán un recuerdo. Hasta entonces, ten mucha paciencia y haz de las rutinas tus mejores aliadas.

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