Las vacunas a tiempo: un acto de amor.

8/ 1/19

Un siglo atrás (y no hace tanto tiempo) era frecuente que las familias tuvieran que sufrir el dolor de perder un hijo por diversas enfermedades: difteria, tétanos, polio o sarampión, por nombrar algunas. La vacunación masiva a nivel mundial disminuyó drásticamente la incidencia de estos males, al punto de que algunas de estas enfermedades se consideran erradicadas, y consecuentemente, la mortalidad infantil. ¡Se podrían salvar hasta un millón y medio de vidas más al año si Las vacunas fueran universales!

Sin embargo, en los últimos años (y a causa, entre otras cosas, del auge de las redes sociales) los movimientos de padres antivacunas resurgieron con fuerza, a punto que la Organización Mundial de la Salud los ha catalogado como uno de los diez mayores riesgos para la salud mundial en 2019. Por eso dedicaremos este artículo a reforzar la importancia de vacunar a nuestros hijos.

¿Qué son las vacunas?

La OMS define a las vacunas como “cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”, y distingue entre las que consisten en un producto o derivado de microorganismos de las suspensiones de los mismos, bien muertos, bien atenuados. En su mayoría se aplican en forma inyectable. Las vacunas tienen como función prevenir la aparición de 26 enfermedades graves, salvando entre 2 y 3 millones de vidas al año y protegiendo sobre todo a los grupos más débiles: los bebés y los niños pequeños, así como también a las embarazadas, o las personas que padecen alguna patología.

Al recibir una vacuna (en todas las dosis que indique el esquema), el organismo desarrolla defensas que lo dejan protegido ante un eventual contacto con los agentes patógenos que de otro modo desencadenarían la enfermedad. En algunos casos, como en la varicela o la gripe, un niño que haya recibido la vacuna puede enfermarse igual, pero cursar el cuadro con muy pocos síntomas y con muchísimo menor riesgo de complicaciones. Por eso, vacunar a nuestros hijos es la mejor manera (junto con una alimentación saludable y medidas de higiene apropiadas) de cuidar su salud por la prevención.

¿Cuándo se debe vacunar?

No todas las vacunas se pueden aplicar en cualquier momento. En Colombia hay un esquema de vacunación dirigido a los niños menores de cinco años, que indica a qué edad cada bebé debe recibir las vacunas correspondientes, empezando cuando es recién nacido por la BCG (que protege contra la tuberculosis) y la Hepatitis B. Tu pediatra será quien te indique oportunamente qué vacunas le tocan a los dos meses, a los cuatro, etc. Si a tu hijo ya mayor le falta alguna vacuna para completar el esquema, puedes aplicarla igual aunque haya pasado la edad indicada.

Por otro lado, las vacunas no se pueden aplicar antes de tiempo, pues el organismo del bebé no está preparado para recibirlas. De la misma manera, una futura mamá debería tener ciertas vacunas (como la de la rubéola) varios meses antes de concebir a su bebé, porque no se puede aplicar esta vacuna durante el embarazo. Lo que nos lleva al punto más importante: el peligro de la no vacunación.

El falso dilema del “derecho a decidir”

Si bien siempre ha habido personas que, sobre todo por desconocimiento, se resistían a las vacunas, en los últimos 20 años este movimiento se intensificó con la publicación de un artículo del médico Andrew Wakefield en “The Lancet” en 1998, que relacionaba las vacunas con el autismo. Dicho artículo fue pronto refutado por los hallazgos posteriores, y hasta se supo que había acuerdos económicos de por medio. El autor no solo fue obligado a retractarse sino que quedó desacreditado ante toda la comunidad médica. Sin embargo, en el imaginario social pesó más la noticia falsa que los resultados académicos, y en diversos países, sobre todo en Europa y Estados Unidos, cobraron fuerza los grupos de padres y madres que reclamaron el “derecho a decidir” sobre vacunar o no a sus hijos.

Algunos alegan que las vacunas son innecesarias porque las actuales condiciones de salubridad e higiene protegen incluso a los no vacunados de ciertas enfermedades. El problema es que cuando la vacunación no alcanza al 90% de la población (lo que se conoce como el “efecto rebaño”), el virus corre riesgo de volver a expandirse. Por eso, este tipo de activismo antivacunas es responsable de que una enfermedad que se consideraba prácticamente erradicada como el sarampión, hoy haya resurgido con fuerza y le haya costado las vidas a 110.000 personas en 2017, aumentando más de un 30% con respecto al año anterior. La mayoría de las víctimas son niños cuyos padres se negaron a vacunarlos, aún cuando las vacunas son gratuitas y obligatorias. Pero también corren riesgo los bebés muy pequeños que aún no recibieron la vacuna porque no les toca en su esquema, o los enfermos inmunosuprimidos. Por ese motivo, vacunar a los niños no debería ser una decisión individual de cada familia, sino ante todo, una responsabilidad social.

La situación actual en Colombia

Con respecto a nuestro país, las buenas noticias es que se mantiene como un ejemplo en la región con respecto al alcance masivo de la vacunación: el gobierno asume el 100% de los gastos, y la cobertura de vacunación supera el 92%. Las malas noticias es que no estamos exentos de las tendencias globales: en 2018 reapareció el sarampión, con más de 200 casos confirmados, lo que hace que sea más importante que nunca respetar los esquemas de vacunación y no caer en la información falsa en contra de las vacunas que circula en algunas redes sociales.

Consejos para cuando vacunes a tu bebé

Para empezar, es importante que confíes en tu pediatra, y que le hagas todas las preguntas que necesites respecto a las vacunas que recibirá tu bebé. No hay peligro en darle a tu hijo más de una vacuna al mismo tiempo. Es importante que respetes el esquema oficial y que no te saltees ninguna dosis, ya que de lo contrario el niño no estará protegido. Y si bien es cierto que existen algunos efectos secundarios, como dolor, enrojecimiento o posibles líneas de temperatura, mucho peores son los efectos de las enfermedades en caso de contraerlas. Por otro lado, es cierto que las vacunas utilizan conservantes como timerosal, que contiene mercurio, pero se rigen por estrictas regulaciones, así que debes estar tranquila de que los beneficios de las mismas superan con creces los riesgos de no vacunar.

Un consejo que puede ayudarte a paliar el dolor de la inyección en tu bebé es lactar en el momento de que el niño reciba el chuzón. Lo recomienda la Liga de La Leche y se conoce como “tetanalgesia”. Puede ayudarle el chupete y, sobre todo, tu tranquilidad y tus abrazos. También existen determinados dispositivos que pueden ayudar a disminuir el dolor de los chuzones. Si la zona se enrojece o se hincha, ayuda aplicar frío, y el pediatra puede indicarte un antitérmico en caso de que tu bebé levante un poco de temperatura después de recibir sus vacunas.

Con los niños mayores, de tu actitud al momento de llevarlos a vacunar depende de que la experiencia sea vivido como algo traumático y que cause temor, o como un simple procedimiento médico más, que puede ser molesto, sí, pero que ha salvado y puede seguir salvando vidas.

¡A seguir vacunando a nuestros niños, por una infancia llena de salud y vitalidad!

 

Por Mariana del Rosal, julio de 2019

Fuentes utilizadas:

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